Porque Chile es Tuyo: Fam Tour y Press, yo amo viajar por Chile

Isla Róbinson Crusoe, Una aventura inolvidable


Santa Clara, Alejandro Selkirk y Róbinson Crusoe son las tres islas que conforman el archipiélago Juan Fernández situado a más de 600 kilómetros de nuestras costas.

Mil personas aproximadamente habitan en el poblado de San Juan Bautista, emplazado en la bahía de Cumberland, en la isla Róbinson Crusoe. Y quien se aventura a visitarlos, descubre sus maravillas tras una hora y media de vuelo, en aviones pequeños, desde Santiago.

Claro que las maniobras de acercamiento, con giro en 180 grados incluido, para aterrizar sobre una montaña pueden hacer saltar hasta los más valientes. Al bajar del avión, lo que vemos no es lo que esperamos. Un paisaje desértico y casi montañoso instalado en medio de la inmensidad del océano Pacífico.

La aventura comienza nada más bajar del avión. Equipaje en mano -liviano, por cierto- esperamos a nuestros anfitriones a los que vimos desde el aire navegando a nuestro encuentro. Tras el aterrizaje vemos una camioneta con los encargados de recibirnos.
Son Leslie Urrea encargada de la oficina de Turismo de la Municipalidad de Juan Fernández y Rudi Aravena,operador turístico de La Robinson Oceanic, contentos de ver al grupo integrado por 14 personas entre periodistas y tour operadores. La invitación tiene un solo precio: que difundamos a los cuatro vientos las maravillas de la isla y sus habitantes.

Los bultos van a la camioneta y queda poco espacio disponible para llegar al embarcadero. Preferimos caminar. Media hora que se pasa volando al ir descubriendo paisajes que conmueven y dimensionar de manera nunca antes vista la inmensidad del mar. Muy pronto oiremos ruidos, rugidos. Provienen de cientos de lobos marinos de dos pelos, endémicos en el lugar, que manifiestan así su curiosidad ante la llegada de los forasteros.

Arriba de la lancha comienza otra patita de la aventura. Debemos navegar unos 40 minutos hasta la Bahía de Cumberland, en torno a la cual se asienta el poblado y en el que conoceremos al anfitrión ilustre, el alcalde Felipe Paredes Vergara.


Trekking.

Llega el momento de demostrar algunas habilidades físicas. Es tiempo de caminar. Por senderos de tierra y piedra nos adentramos en el Parque Nacional Juan Fernández hasta el sector conocido como Plazoleta El Yunque.

Es el guardaparques, Guillermo Araya, el encargado de ilustrarnos acerca de la flora y la fauna nativa así como de especies que las amenazan como el maqui y la zarzamora. Contra esos enemigos, el personal de la CONAF debe luchar día a día.

Y seguimos caminando. Ahora rumbo al Mirador de Selkirk, donde según cuenta la leyenda Alejandro subía a observar en horizonte en busca de alguna embarcación que lo rescatara de la isla. El tramo toma más de una hora y media, partiendo desde el pueblo y subiendo por el camino La Pólvora.

 
El mar que rodea la isla se convirtió muchas veces en muro carcelario. Primero fue cárcel de reos coloniales condenados a trabajos forzados. Luego, prisión de los patriotas desterrados después del desastre de Rancagua y aún más tarde residencia obligada de los rebeldes carrerinos, acusados de provocar una sublevación contra el gobierno.

Las cueva de los Patriotas


El mar que rodea la isla se convirtió muchas veces en muro carcelario. Primero fue cárcel de reos coloniales condenados a trabajos forzados. Luego, prisión de los patriotas desterrados después del desastre de Rancagua y aún más tarde residencia obligada de los rebeldes carrerinos, acusados de provocar una sublevación contra el gobierno.

Son 9 cavernas -reconocidas como monumento nacional- que hoy a pesar de sus deterioradas condiciones son un atractivo más para quienes visitan el archipiélago de Juan Fernández.

Turno del mar

La visita al archipiélago no puede estar completa sin conocer sus profundidades. Con Germán Recabarren Green, isleño de tomo y lomo, nos sumergimos a una profundidad media de 10 metros, en el sector de El Pangal, y descubrimos una flora y fauna increíbles. La luz y los colores nos hacían creer que estábamos en el Caribe.

Más tarde sería el turno de la pesca. Con Rudi Aravena nos adentramos hacia el mar por más de media hora. Comenzó la faena con la caña y las ansias de pescar algo. Ese algo se transformó en tres de piezas de gran tamaño. Un atún blanco de 38 kilos, otro de 26 y una vidriola de 18 kilos que fue, qué duda cabe, la materia prima de la rica comida que degustamos a bordo.

En el archipiélago la sustentabilidad es la base de la vida. Por eso, solo se extrae lo que se va a consumir. Si hay más pesca, se devuelve para que otros puedan disfrutar de estos manjares.
En este viaje se devolvieron 3 piezas de mas de 15 kilos.
 
 
Comer y beber lo propio

La gastronomía es otro punto de atracción para el turista. Tal vez el plato más conocido es el "perol de langosta". Se prepara con un sofrito al que se agrega agua caliente, papas, zanahorias, arvejas, algunas hojas de apio, tallarines y -por cierto- trozos de langosta pelados y otros con todo el caparazón. El resultado es un caldo sustancioso, de exquisito sabor y que produce una sensación de vigor.

Otro plato típico es el vidriolazo, recomendado para náufragos hambrientos. Es un trozo de lomo de vidriola a la plancha, dentro de un gran pan amasado y acompañado de tomate, plata, lechuga y queso derretido. La autora es Flora de Rodt, bisnieta de uno de los primeros colonizadores de la isla el Barón de Rodt.

Para acompañar la comida, nada mejor que una cerveza Archipiélago que no se ha movido más que unos pocos metros para llegar a nuestros vasos después de ser preparada con agua de vertiente que pondrá en nuestras bocas un sabor inigualable.

Después de caminar, bucear y comer, solo queremos dormir. Para eso podemos elegir entre el elegante hotel Noi, el
Refugio Náutico , de Marcelo Rossi -con alojamiento y restaurante- y las cabañas del Barón de Rodt, que tambien cuentan con comodas cabañas, entre otros.


Al amanecer volveremos a disfrutar del mal y de la valiosa y variada vegetación -con lumas, canelos, naranjillos, helechos y trepadoras- entre la que oiremos el acelerado batir de alas del picaflor de Juan Fernández.
 


El FAM TOUR y PRESS es una iniciativa de la Municipalidad de Juan Fernández fue financiado con recursos del Gobierno Regional de Valparaiso.







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