Conocer no tiene precio

Hay lugares en que parecieran concentrarse los más hermosos parajes del mundo. Coyhaique es uno de esos lugares.


Koy aike, agua y campamento o lugar donde se vive. Así bautizó la cultura tehuelche a este rincón del fin del mundo que hoy es la capital de la Región de Aysén. Al recorrerlo queda claro que es un "lugar en que hay agua". Y mucha.

Recorrer Coyhaique es un privilegio. Sus hermosos paisajes -imposible conocerlos todos en un solo viaje- no solo impresionan. También emocionan. Aunque haya aspectos, ajenos a la naturaleza, que decepcionan.

Un ejemplo es el aeropuerto de Balmaceda, un terminal aéreo demasiado pequeño y con escasos servicios para atender una demanda creciente de pasajeros, muchos de ellos extranjeros deseosos de conocer la Patagonia chilena. Por ahora, este aeropuerto "internacional" no dispone más que de una modesta cafetería y una pequeña sala de embarque, además de las mini-oficinas de las empresas de arriendo de vehículos y un par de quioscos en los que se venden artesanías, recuerdos y golosinas. No hay ni siquiera un imprescindible cajero automático. Esperemos que todo cambie cuando se inauguren las obras en construcción.

En los 55 kilómetros que separan Balmaceda de Coyhaique es posible apreciar la inmensidad de la pampa, con sus distintos tonos de verde, y sus enormes paredes rocosas. A un par de kilómetros del centro está el hotel La Pasarela, nuestro lugar de descanso. No fue fácil encontrarlo porque -haciendo honor a su nombre- está al otro lado de una pasarela sobre el río Simpson y no hay señalética a orilla del camino. Nada como disfrutar del placer de oír el sonido del agua y los cantos de los pájaros que habitan en los muchos árboles del lugar, caminar por el bien cuidado jardín o leer en la pequeña terraza que mira al río.

Belleza y más belleza

Nos habíamos prometido que no nos alejaríamos más que unos pocos kilómetros de la ciudad. Nuestro fin último era descansar. Pero nadie puede resistirse a la tentación de conocer Cerro Castillo o las capillas de mármol. Así fue como tomamos el auto arrendado y partimos. La idea era llegar solo hasta Cerro Castillo, una maravillosa construcción natural que desde abajo -obvio- luce como la fachada del más hermoso de los castillos.

Junto a él, el poblado de Cerro Castillo. Sin dinero en efectivo por la ausencia de cajero en el aeropuerto, nos aventuramos con 10.000 pesos en el bolsillo. Allí pudimos almorzar porque el pequeñísimo lugar y aparentemente el único en la villa contaba con venta con tarjeta.
El letrero que anuncia la distancia hasta las capillas nos llamaba a gritos. Y resolvimos partir. 130 kilómetros de sinuoso y difícil camino que vale la pena recorrer tan solo por la hermosura del trayecto.

Capillas y catedral

Gracias a una transferencia bancaria, pudimos embarcar en una de las muchas lanchas que ofrecen el tour por el azulino lago General Carrera, saliendo del pintoresco Puerto Tranquilo
Llegar a la zona de las capillas de mármol tarda unos 10 minutos. Una vez allí, la exclamación de los viajeros no se hace esperar. Chilenos y extranjeros quedan con la boca abierta ante las imponentes cuevas, suaves al tacto y que nos muestran una variedad infinita de colores.
En resumen, visitar la Región de Aysén es una tarea que nos quedó pendiente después de nuestra breve, pero maravillosa, estancia en Coyahique y sus alrededores.